Boulangeries de París: una experiencia fuera de lo croissant

Una de las muchas cosas que te sorprenden cuando llegas a vivir a París es la cantidad de boulangeries (y pâtisseries)* que hay por todas partes. Hay una en cada esquina, cada 200 metros, como si los franceses no pudieran recorrer mas de una calle sin comprar pan, lo cual puede que sea cierto (nunca subestimes el amor de un francés por su « baguette », en serio, el otro día tuve una conversación super seria con unas francesas sobre lo importante que es la baguette en su vida).**

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Pero, en realidad, la verdadera sorpresa llega en cuanto pones un pie en una de ellas y te dejas llevar por la armonía de colores, olores, texturas y formas. Te encuentras como en un vals de sensaciones del que solo te puede sacar el « Qu’est-ce que vous voulez, Madame ? » de la dependienta que te despierta del hechizo, ante el cual solo puedes musitar un « Eh… » y en ese momento deseas con todas tus fuerzas poder decir « quiero uno de cada ». Pero, ya de vuelta en la realidad, te das cuenta de que debes tomar una decisión, una de las mas difíciles que vas a tener que tomar (por lo menos ese día), y ahí da comienzo el debate interno : ¿croissant o napolitana ? ¿de chocolate o de crema ? ¿con almendras o con fresas ? ¿quiche o tarta ?… Todo esto ante la atenta mirada de la dependienta que piensa que o eres tonta o te lo haces. Finalmente te decides por una de las 540.000 opciones que hay ante tus ojos y al momento te cuestionas si has tomado la decisión correcta, sabiendo que ya no vas a poder volver, por lo menos ese día (para que no piensen que eres una gorda yendo 5 veces seguidas, como uno quisiera). Pero ya es tarde porque la amable dependienta ya te ha preparado lo que has pedido y esta más que dispuesta a despacharte (claro, ella no te entiende ¡ella esta todo el día rodeada de bollos y tartas !). Por fin sales de allí con « el elegido » en la mano y, en el fondo, feliz de tu elección porque sabes que no importa lo que hayas elegido, va a estar buenísimo. Antes de salir por la puerta lanzas una última mirada a todos esos otros bollos que hoy no han sido elegidos y les prometes que volverás pronto y que todos serán algún día « el elegido ». Lo que ocurre después, mientras mordisqueas tu bollo en un banco de algún parque bucólico de París, deseando que no se acabe nunca, es algo de lo que no voy a hablar hoy pero que, desde luego, daría para muchos artículos.

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Foto del interior de la Boulangerie “Coquelicot” en Montmartre (muy cerca del muro de “je t’aime”), una de mis favoritas de París.

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*Pequeña incisión para explicar la diferencia entre estos dos términos « boulangerie » y « pâtisserie » tan indistintamente usados por los extranjeros. Boulangerie es la « panadería » de toda la vida, dedicada principalmente al pan y todas sus variantes : « viennoiseries » (los bollos de toda la vida), quiches, pastas… Pâtisserie es un termino un poco mas refinado que se refiere más bien a delicias del estilo de tartas, pasteles, bombones, macarons… Aunque en la practica es difícil encontrar un sitio que sea solo « pâtisserie », la mayoría son Boulangerie-pâtisserie ya que hacen las dos cosas.

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** Para ilustrar el amor de un francés por la baguette, solo voy a comentar que existe cada año un concurso para elegir « la baguette del año ». Aquí os dejo la foto de la Boulangerie « La Parisienne » que gano la « Meilleure Baguette de 2016 » y es una de mis favoritas. (Si estáis por aquí os recomiendo ir a la de la rue Madame 48 y luego comerse al « elegido » en el Jardin de Luxembourg).

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  1. Araceli Fontan says:

    Très d’accord!! mais je l’aurais jamais expliqué tellement bien!!

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