Multiculturalidad Erasmus

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Qué bonito compartir. Qué bonito enseñar. Y qué bonito mostrar. Pero sobre todo, qué bonito aprender. Porque lo que se aprende en un Erasmus no puede aprenderse en casa. Aprender, por ejemplo, que no en todas partes se compra el pan cada día. Que, para algunos, la leche no sólo forma parte del desayuno, sino también de cada comida. Que no todo el mundo cocina con aceite, muchos lo hacen con mantequilla. Aprender, en definitiva, que cada persona, cada país y cada cultura es absolutamente única.

 

Aprender, por otro lado, a omitir los bolsos y demás complementos meramente decorativos y salir con mochila y botas de montaña hasta a las discotecas, porque no sólo es lo más cómodo, sino también lo más práctico cuando tienes que quitarte veinte capas de ropa. Aprender, también, que deshacerse de cosas materiales es deshacerse también de todos los posibles problemas que pueden traer con ellas. Que cuanto menos necesitas, más libre eres.

 

Aprender, también, que el sol puede irse a las tres y media de la tarde sin importarle en absoluto que aún estés terminando de comer. Que la vida en bicicleta sigue a menos diez grados. Y que basta con una buena canción de Pink Floyd para no sentir tanto el frío y sentir más todo aquello que te rodea.

 

Aprender que pasar más tiempo sola puede inspirarte como ninguna otra cosa. Aprender a escuchar para entender, y no sólo para responder. Aprender que sentirse libre es demasiado fácil cuando tienes un trineo e incalculables copos de nieve en la puerta de casa. Aprender a valorar el cielo azul como nunca creíste y aprender a fijarte en las pequeñas cosas que esconde cada momento. Y aprender, no sólo a fijarte, sino también a fascinarte con esas pequeñas cosas. Como cuando la luz del sol se cuela esquivando los árboles para llegar a tocarte. A esas cosas me refiero. Aprender, aprender y aprender.

 

 


Jyvaskyla

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Ciudad de lagos, árboles y luces. Animada, innovadora, versátil y joven. Perderse entre sus cien mil caminos llenos de hojas y ramas te asegura un asombroso atardecer, como mínimo.

 

Es cierto que hace frío, mucho frío. Pero también es cierto que se lleva muy bien. Porque el cielo aquí es diferente. Ya sean nubes de algodón o un manto gris lo que cubra la ciudad, las majestuosas copas de los árboles consiguen alegrarme cada día con sus fascinantes mezclas de colores.

 

Lejos del barullo y de la multitud, en Jyvaskyla se puede encontrar algo de valor incalculable: tranquilidad. Sólo hay que andar en cualquier dirección hacia las afueras del centro para encontrar paz. Y con ella cientos de rincones llenos de detalles que parecen sacados de cuentos de hadas. Algunos han tenido la suerte de ver incluso las tan aclamadas auroras boreales… Espero poder describíroslas algún día.

 

Me encanta Jyvaskyla, me fascina. Es absolutamente única. Os avisaré el día que encuentre algún reflejo similar en algún otro puente de alguna otra ciudad. Pero no va a ser tarea fácil. Qué muelles, qué vistas, qué maravilla. Qué otoño más bonito. Porque pocas ciudades me han transmitido tanto en tan poco. Porque me llena y me inspira. Porque aquí disfruto de cada pequeño pasito que doy. Por todo ello me atrevo a recomendaros una visita a esta extraordinaria ciudad finlandesa llena de estampas que, sin duda alguna, se quedarán grabadas en vuestra retina para siempre.

 


Estudiar en la Universidad de Bologna: primeras impresiones

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¡Ciao a tutti!

Me presento para los que aún no me conozcáis. Mi nombre es Javi Lara y voy a ser vuestro guía virtual de la ciudad de Bolonia y todo lo que esta ciudad permite hacer en una vida Erasmus durante un año. Dicho esto, me dispongo a contar las diferencias entre la universidad española y la italiana.

Estudiar en Italia y mas concretamente en Bolonia es realmente apasionante. El concepto de facultad mantiene en Italia la esencia mágica de lo antiguo y lo viejo. Aquí, por paradójico que parezca, no se ha implantado el plan Bolonia. Los alumnos no deben estudiar una propuesta fija de asignaturas en horarios previamente establecidos como sí ocurre en España. Cada estudiante se traza su propio plan de estudios escogiendo las asignaturas que prefiera entre la oferta disponible y siendo consciente de los posibles problemas de horario si coinciden materias. Este modelo le da al estudiante la opción de ser “frequentati” o “non frequentati”, siendo la carga de estudio un poco menor para aquellos alumnos que sí asistan a clase; todo es mucho más autónomo e independiente que en España.

Por otro lado, las asignaturas no tienen la misma duración que en los periodos lectivos de España. Distinguiendo entre las que son de 6 o 12 créditos, las asignaturas durarán un mes y medio o tres/cuatro, pero siempre con 6 horas semanales por asignatura. De manera que  si una asignatura de 6 créditos empieza en septiembre, acabará en noviembre para dar paso a otra. ¿Cuál es la diferencia? Que este sistema permite que el alumno se centre más en la materia y pueda profundizar en ella. De hecho, aquí las asignaturas son muuucho más densas, aunque más dinámicas también.

Via Zamboni, centro  del barrio universitario

Además, Bolonia tiene la peculiaridad de tener casi todas las facultades en el centro de la ciudad -en el llamado bario universitario– pero al ser una ciudad con soportales no son edificios que resulten llamativos y puedan identificarse en un primer vistazo, sino que en una misma calle nos encontramos cinco o seis portales que realmente son una inmensa facultad por dentro. Todo esto le otorga un ambiente bohemio alimentado por la cantidad de estudiantes que recorren todas las arterias de la ciudad a diario buscando sus aulas.

Desde esta perspectiva, el Erasmus se convierte en una oportunidad única para descubrir y aprender de un sistema que si lleva vigente tantos años, será porque cuanto menos es eficaz.


Adaptándome a mi vida Erasmus

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Un Erasmus se caracteriza por el comienzo de algo nuevo. Nuevo hogar. Nuevo idioma. Nuevos amigos. Nueva universidad. Nuevos rincones favoritos. Nuevos puntos de vista. Nuevos tipos de cerveza. Nuevas experiencias, aventuras, culturas, anécdotas, expresiones… Nueva vida. Todo absolutamente todo es nuevo (excepto el chorizo y el jamón serrano que pude traerme gracias a Sin Maletas).

 

Como decía Christopher McCandless, personaje protagonista de la película de Sean Penn: Into the wild, “El espíritu del hombre se alimenta de nuevas experiencias”. Y yo desde luego que lo corroboro. Porque un Erasmus llega dentro, muy dentro. Alejarse de lo cotidiano, de la rutina, de nuestro “día a día”, alimenta el alma como ninguna otra cosa. Porque el que todo sea nuevo, hace que todo sea asombroso. Como una niña de 5 años emocionada que experimenta por primera vez cómo se le cae un diente, así me siento yo cada vez que cruzo el maravilloso puente que me separa del centro de la ciudad y de la universidad. Asombrada. Anonadada por todo aquello que me rodea. Por todo aquello que siento.

 

Adaptarme no me está resultando nada complicado. Porque esto es lo que quiero. Lo que me gusta. Lo que me llena de verdad. Lo que me hace feliz.

 

Porque el sentirse extranjero implica muchas cosas. Todo se ve con otros ojos y lo que allí vemos como lo normal, aquí es algo totalmente peculiar. Aquí los pequeños detalles parecen hacerse mucho más visibles. Para tratar de explicaros esto podría deciros que miro unas doce veces por día la ventana de mi cuarto admirando el árbol cuyo color rojizo destaca sobre el resto de los arbustos. No recuerdo la última vez que miré a través de la ventana de mi habitación de toda la vida. No lo recuerdo. Quizá algún día que hubiese algún sonido extravagante en el exterior que consiguiese captar mi atención. Pero desde luego que no es nada comparable con esto.

 

vida erasmus

 

Aquellos que viajáis quizá me entendáis. Lo que siento es algo así como la emoción que produce un viaje, pero de manera continua y prolongada. Puesto que esto no es sólo un viaje con un comienzo y un final cercanos, sino que ahora mi vida se desarrolla aquí. Y aunque es cierto que al igual que en Madrid tengo un horario de clase al que asistir y ciertas tareas que cumplir. Aquí todo merece aún más la pena. De todo se saca algo. Y todo es mucho más apetecible.

 

 


ATERRIZANDO EN EL ERASMUS

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Llegar a tu destino Erasmus es un verdadero aterrizaje. Te plantas en un sitio que no conoces, generalmente con gente que no conoces, apenas hablas el idioma (o si tienes suerte dominas el idioma pero en todo caso no siempre te entiendes con la gente), conoces las cuatro paredes que serán tu hogar durante unos meses y, después de un largo día en el que has dicho adiós a tu mundo, te tumbas en tu cama y te preguntas ¿y ahora qué?

Pero casi ni te da tiempo a sumirte en la divagación existencial ya que enseguida empiezan los saludos (con la típica confusión de ¿doy uno o dos besos? ¿doy la mano?…), caras nuevas, gente nueva, sitios nuevos, comida nueva (con un poco de suerte: comida nueva “rica”)… Y antes de que te des cuenta ya te has situado, ya sabes dónde está cada cosa en tu nueva casa, en tu nuevo barrio, en tu nueva ciudad… Los primeros días los dedicas a deshacer la maleta, situarte, terminar papeleos, preparar tu inminente “vuelta al cole”… pero luego ¿qué?

Si tienes suerte y tienes algo de tiempo antes de empezar la uni te entra el agobio existencial de ¿qué hago con este tiempo tan precioso antes de que empiece la rutina, el estudio, el no parar?

Es entonces cuando empieza la Operación Gymkana. Se trata de visitar el máximo número de sitios en el poco tiempo que te queda de vacaciones. Primero vas a los grandes sitios turísticos, los que todo el mundo visita porque ¿cómo viviendo en esa ciudad no has ido a ver eso? y luego sigues por lo sitios que no todo el mundo conoce, te dejas aconsejar por la gente, te pierdes por las calles… y es entonces cuando de verdad te empapas de tu ciudad (en algunos casos, literalmente, porque no en todas partes hace tan buen tiempo como en España).

Hasta que llega un punto en el que ya encuentras El Tesoro. Ya no te sientes como un turista más de la ciudad sino que ya sientes la ciudad como tuya, ya no miras a los turistas como iguales sino como extraños, y empiezas a mirar a los locales como iguales. Ya incluso contestas a los turistas que te preguntan por la calle y no haces fotos de todo lo que ves. Ya vas andando y te sientes orgulloso de “tu” ciudad, porque ya es “tuya”.

 

cielo

 


Pablo González: Un día refugiado

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Pablo González: Un día refugiado

Pégame un viaje sigue su aventura en el campo de refugiados en Grecia. En el vídeo anterior nos contó como es su día a día… pero como las cosas es mejor verlas que contarlas, aquí tenéis como es el día a día de un refugiado. ¡Muchos ánimos Pablo, estás haciendo una gran labor! Seguiremos atentos a tus redes…


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