Jyvaskyla

Ciudad de lagos, árboles y luces. Animada, innovadora, versátil y joven. Perderse entre sus cien mil caminos llenos de hojas y ramas te asegura un asombroso atardecer, como mínimo.

 

Es cierto que hace frío, mucho frío. Pero también es cierto que se lleva muy bien. Porque el cielo aquí es diferente. Ya sean nubes de algodón o un manto gris lo que cubra la ciudad, las majestuosas copas de los árboles consiguen alegrarme cada día con sus fascinantes mezclas de colores.

 

Lejos del barullo y de la multitud, en Jyvaskyla se puede encontrar algo de valor incalculable: tranquilidad. Sólo hay que andar en cualquier dirección hacia las afueras del centro para encontrar paz. Y con ella cientos de rincones llenos de detalles que parecen sacados de cuentos de hadas. Algunos han tenido la suerte de ver incluso las tan aclamadas auroras boreales… Espero poder describíroslas algún día.

 

Me encanta Jyvaskyla, me fascina. Es absolutamente única. Os avisaré el día que encuentre algún reflejo similar en algún otro puente de alguna otra ciudad. Pero no va a ser tarea fácil. Qué muelles, qué vistas, qué maravilla. Qué otoño más bonito. Porque pocas ciudades me han transmitido tanto en tan poco. Porque me llena y me inspira. Porque aquí disfruto de cada pequeño pasito que doy. Por todo ello me atrevo a recomendaros una visita a esta extraordinaria ciudad finlandesa llena de estampas que, sin duda alguna, se quedarán grabadas en vuestra retina para siempre.

 

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