Un poco de reflexión, que esto se va a acabar…

Justo el día que muere David Bowie y que algunos lloran por su ídolo,
el día después de que el río Douro se desborde en un par de zonas de Oporto,
el día que algunos o todos los universitarios comienzan exámenes…
Nerea necesita reflexionar.

Reflexionar porque llevo días, meses, años con la vida muy estática, muy tranquila. Con la seguridad de saber que todo estaba planeado “de aquí a un tiempo” y que no había muchas decisiones que tomar, por lo menos no más allá de a dónde ir en verano, qué trabajo buscar o de qué escribir en el siguiente post.
Sin embargo, a punto de finalizar la aventura del ERASMUS y con un Trabajo de Fin de Grado y un máster a la vuelta de la esquina, las cosas parece que se complican. O por lo menos, que necesitan ser pensadas.
Ya el otro día tuve qué decidir qué hacer el año que viene, pues los planes que estaban pensados desde hacía tiempo se truncaron en un momento y me tuve que enfrentar a la elección de un máster. Y eso supone pensar en dinero, en futuro, en pasión y en todo ello mezclado, sin dejarte pensar bien si estás escogiendo lo correcto o no.

Después, en Oporto, con los exámenes ya finalizados y a falta de un par de entregas de trabajos para acabar el cuatrimestre de manera óptima -cruzo dedos-, toca preocuparse de lo que me espera a la vuelta. Dos asignaturas obligatorias, mucho tiempo libre para dedicarlo a seguir aprendiendo por mi cuenta o a trabajar y un TFG seleccionado pero que, a día de hoy, no tengo ni idea de sobre qué lo voy a hacer. Estamos en enero, vuelvo a mi rutina vasquita en febrero y presento el TFG en junio. Con este panorama, incluso antes de acabar el ERASMUS, mi persona ha entrado en una crisis existencial enorme. Y resumiendo, lo que me pasa es que TENGO MIEDO.

Me he dado cuenta: tengo miedo a fallar, a perder tiempo, a malgastar dinero, a no ser feliz. En mi vida he tenido suerte siempre, tomando decisiones muy acertadas y que si en algún caso no lo han sido, lo aprendido ha merecido la pena. Por ello he tenido que hacer un Skype a cientos de kilómetros para hablar con mis padres, porque son los que mejor me conocen y los únicos que me van a saber decir lo que quiero oír. Y porque ellos saben más que yo y, sobre todo, no tienen miedo.

Y una vez terminada la llamada, se ha ido el miedo.

Y me he acordado de otros momentos en que he sentido pavor, como el día que me vine a Oporto. O el día que me cogí un avión, llegué a Turquía y, completamente sola, tuve que llegar a Bursa. O el día que hice mi primera entrevista con la voz temblorosa. Y tantos días que lo nuevo, lo desconocido y aquello que se sale de la zona de confort me han dejado la noche previa en vela. Pero una vez he reflexionado sobre el tema, me pregunto: ¿Cuándo te ha frenado el miedo, Nerea? Y bien rápido me he respondido, sólo pensando en que las cosas que más miedo me han dado han sido las que más me han hecho crecer como persona. Y entonces he llegado a la conclusión de que sentir miedo es normal, somos jóvenes y no sabemos casi nada de esta vida, pero es lo que anticipa a cualquier buena decisión. Y aunque no haya sido la correcta, nunca va a ser en balde.

Y si no que me lo digan a mí, si escoger Oporto como destino fue un acierto o un error…

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Supongo que habrá muchos de vosotros que estéis en mi misma situación, probablemente más a causa del máster y el futuro al acabar la carrera que a causa del TFG. No sé si mi reflexión os servirá para algo o no, pero como embajadora ERASMUS que soy, creo oportuno mostrar también que aunque el ERASMUS es la bomba lironda, también hay comeduras de cabeza. Yo las tengo en relación a mi futuro; otros las tienen porque se han enamorado; otros porque no se quieren ir nunca de su destino y no saben cómo pueden quedarse; y otros porque han gastado mucho y no saben cómo decírselo a sus padres.

Sea lo que sea, y sin ánimo de parecer un manual de autoayuda, seguiré disfrutando. De la lluvia que nos moja estos días, del viaje que me espera en un par de semanas, de la gente que sigo conociendo, de la vuelta, de la rutina, de mi familia y de los sueños.

Gracias, SinMaletas, por cuidarnos tan bien y por hacer esto posible.

Un abrazo a todos.

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